lunes, 2 de julio de 2012

CEMENTERIO DE SUEÑOS





Hay un lugar que es mucho más sombrío que la Muerte y mucho más claro que el Infierno.

Es el Cementerio de los Sueños Muertos.

Consiste en una floresta con la luz de un sol extraño, un sol que es siempre mañanero, que no se pone nunca.

 Los colores son raros, por momentos brillantes y por momentos sepias…

Las risas se escuchan lejanas, como un arroyo a lo lejos. Las palabras danzan suaves, como  copos de nieve. Y las melodías se repiten una  y otra vez, por cada Sueño Muerto.

Allí hay una niña, una niña que ríe feliz, rodeada de unos padres amorosos, que también ríen con ella. Hay una casa de paredes de salmón, con muchas rosas y mucho sol. La casa se llena de familias y niños. Y las tertulias y juegos se suceden en una mañana siempre eterna…



En otra hectárea hay una adolescente, blanca y pálida como la nieve, de rostro severo y mirada profunda, celeste. Esta sentada y teje entre sus manos. Teje pensamientos claros como la albina lana. Sueña con un futuro puro y casto, sentada en su torre ebúrnea, custodia del Cementerio.  Sus padres, a  lo lejos; velan guardianes su Cofre de Sueños de Doncella. Han hecho el pacto de que  no habrá asuntos que interfieran en el Porvenir de su hija. El Amor los mantiene fuertes, unidos en una mañana siempre interminable.



Una plaza, con numerosos bancos y árboles que susurran, enfrentan a la Iglesia de éste Cementerio. Allí, sentada en uno de estos bancos, justo enfrente a la puerta del templo;  una novia blanquísima espera, con un borbotón de rosas blancas y un vestido de nubes. El brillo de su mirada es un Paraiso preñado de todos los Sueños de éste Cementerio. Y ahí aparece el novio, el bendito de Dios, el esperado, el elegido desde siempre. Es tan blanco, que no parece real, su rostro no se ve más que como un sol, cómo un reflejo de su fe. Sus manos firmes, conducen a la novia al camino seguro, al de las Mañanas Infinitas, las que no son de éste Cementerio.



Más allá, en un cerro, vecino a las nubes, una casita alberga una cuna. Una madre titila sobre ella, con su inmenso vientre lunar. Un arcón lleno de ropas de bebe, como retazos etéreos de mil sueños  muertos, duermen felices, aguardando. Y muchas risas de bebe, que se evaporan lentamente, en un profundo eco…un eco terrible. Este Sueño es el más brillante…y el más horrorífico de todos. El Sol brilla alucinante sobre él, como una mañana congelada en el mismo minuto.

Más allá se ven niños jugando en un parque, con tantas risas….Una madre que se reparte como un cálido tazón de chocolate, sin dejar ningún huérfano ni ninguna flor marchita ni ninguna lágrima. El sol hasta canta y se mueve en su mañana onírica.



Aún más lejos hay una pareja de ancianos, sonrientes, rodeados de nietos. No se sabe si son los padres de la novia o la novia junto a su cónyugue, en la ancianidad. No importa, es la  misma imagen repetida. Y la misma mañana.



Hay otra torre de marfil.  Es la otra custodia del Cementerio de los Sueños Muertos, la que lo cierra. No hay una Doncella en ella. Es un ángel consagrado a Dios. Aquí el sol no es tan fuerte y la mañana se ve gris. Pero el ángel brilla como un sol mañanero, con sueños que no morirán jamás. Este Sueño muerto también es uno de los más terribles.



Aquí, ya en una vista más panorámica,  un visionario sol, casi fantasmagórico y gigante, rodea con su luz al Cementerio, como anunciando algo, como queriendo decir en un grito inaudible….que todo esto tan bello, es un maldito Cementerio de Sueños. Parece anticiparse a aquel cartel, que Dante viera… “Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza ".

Es por eso que yo no sueño. No sueño más.



© Drakia Von Thaubergh



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